Al concluir el desayuno, aún en el comedor, Ena preguntó:
–¿Cómo te sientes hija?
–Siento que estoy mejorando mami.
–Me alegro que te sientas bien hijita –irrumpió la abuelita–, tu mamá y yo tenemos que regresar a casa hoy y nos vamos tranquilas porque te estás recuperando satisfactoriamente
–Oh sí, siento que estoy mejorando. Oye, ¿saben algo de la situación de las muchachas y los muchachos? –preguntó Antonella un poco intrigada.
–Deja de preocuparte hija por problemas ajenos –irrumpió doña Ena–, piensa en tu salud y en seguir preparándote para el futuro. En estos tiempos no hay amigos, cada quien que trate de resolver su problema y los problemas nunca faltan. Los amigos de hoy son los que sirven con el propósito de adquirir algo; netamente por interés. Y esos no son amigos, sino oportunistas.
–Aunque quisiera no puedo, porque son mis amigas y amigos de los que dice Shakespeare: “Los amigos que tienes cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con gancho de acero”. También dijo: “Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida”. Ellos son de los amigos que dijo Emersón: “Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”.
–Vamos al fondo del asunto, ¿no has descartado a ese barbaján, bribón, malandrín de tu mente? –cuestionó doña Ena.
–No mami, sé que no es santo de tu devoción, pero aún con todo lo que se dice de él, todavía es parte de mi mente y mi corazón. Algunas personas lo acusan a él y sus amigos, pero no tienen pruebas para demostrarlo. Además, él dice que es inocente y mientras no se demuestre lo contrario, la razón le asiste.
–Todo parlanchín dice lo mismo. Juran y caen en perjurios. Y tú con esa actitud sentimental, estás corriendo en un laberinto de confusiones. Razón tuvo Séneca, cuando dijo: “A los que corren en un laberinto, la misma velocidad los confunde”. Tú no has cumplido los diecisiete años, y según entiendo, él no ha cumplido los dieciocho. Ninguno de los dos sabe lo que quieren. Muy acertada fue la observación que hizo Shakespeare, cuando dijo: “El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en la vista”. ¿Podrías decirme con toda certeza cuánto amas a ese locuaz parlero?
–No puedo decir cuánto lo amo, porque el amor no tiene medida, y si hubiera, respondería como San Agustín: “La medida del amor es amar sin medida”. Como acertó Petrarca, cuando dijo: “Quien puede decir cuanto ama, pequeño amor siente”. ¿Y qué dijo Shakespeare al respecto?: “Es amor bien pobre el que puede evaluarse”. Pero la razón más fuerte del amor, en términos generales, la expresó el sabio Carpintero de Nazaret. Nuestro Señor Jesucristo condensó toda la ley en dos mandamientos: “Amar a Dios y a los demás”. Esto significa que debemos amar a las personas tal como son y no como yo quiero que sean. Esto es amor incondicional, es decir, amor verdadero.
–Tú dices eso por los calificativos que le he puesto a tu rondador y quieres que lo acepte como tal. Pero en este asunto no hay que involucrar la religión –expresó doña Ena.
–Si es así, tampoco debemos hablar de amor, porque Dios es amor –replicó Antonella.
–Okay, si quieres caminar en el laberinto de confusión, al final te encontrarás con Cerinto Fanfarrón –clarificó tajantemente doña Ena.
–Mi amor por Anthony no está circulando por la vía del laberinto, sino por la ruta del sacrificio y la abnegación, donde Cerinto Fanfarrón no llega ni al portón. Por este mar de sentimientos navegó Jack y Ross, que quisieron impedir su relación por la diferencia social, cuando viajaban en el Titanic y en medio de la tragedia prevaleció el amor. Lo mismo hizo Julieta, en busca de su Romeo, sobreponiéndose a los obstáculos de rencillas familiares que los llevó a una muerte lamentable, pero de mucho valor, porque fue el precio para unir a las familias. Romeo y Julieta yacen bajo una estatua en la ciudad de Verona, como símbolo de amor verdadero. También podríamos señalar al Conde Monte Cristo con Mercedes, que su amor prevaleció a través del tiempo pese a las circunstancias adversas.
–El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen. Pero lo que hace este ruin no son tonterías, sino atrocidades. ¿Y aun así lo amas? –preguntó doña Ena.
–El amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos. Sin embargo, el amor a quien pintan de ciego es vidente y perspicaz, porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama. Alguien dijo: “Mira con tu corazón lo que tus ojos no ven”. Eso es lo que veo en Anthony, por eso le brindo mi corazón con amor y razón. Sin lugar a equivocarme, creo que Anthony es mi príncipe azul.
–Emersón dijo: “Cuando un hombre encuentra su pareja, comienza la sociedad”. Y en este caso, eso espero. Pero no nos precipitemos, es mejor esperar. “El tiempo descubre la verdad”, dijo Séneca. Así es que, el tiempo, a su tiempo, dirá quién tiene la razón. Mientras tanto, “Aprovechemos el tiempo, que de ese material está hecha la vida”, dijo Benjamín Franklin –expresó sabiamente don José.
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