La luna hacía su recorrido en el espacio, al igual que el sol durante el día. La noche estaba iluminada, pero silenciosa por la soledad que abrigaba el ambiente. De pronto, vio una figura que venía del pueblo apresurada hacia ella. El temor la invadió y cuando se dispuso a huir, oyó la voz de su príncipe que decía:
“Amor de mi vida, ¿por qué te quieres alejar de mí?, no me abandones por favor. He desertado de la cárcel y vengo en tu búsqueda para besarte, abrazarte, mimarte, protegerte y expresarte lo mucho que te quiero. Existen personas que quieren separarnos de cualquier forma, pero Dios nos ha unido con amor eterno”.
“¿Eres tú amado mío?”.
“Sí, soy yo, mi diamante de ophir y cohinor, mi estrella resplandeciente de la mañana, que anuncia el alba de la esperanza”, decía Anthony.
“Entonces, ven príncipe de mi vida, bésame sin cesar, abrázame y no me sueltes; porque eso es lo que anhelo. Te deseo con todo mi corazón y tengo sed de ti”, Exclamò Antonella.
En el momento en que iba a abrazarlo, fue intervenido por dos soldados que lo venía persiguiendo. Forcejeó con ellos, pero no pudo. Antonella les suplicó que no lo maltrataran y que lo dejaran libre, pero fue en vano. Lo llevaron a la cárcel.
“¿Qué hacer para llegar a la mazmorra donde está mi príncipe para rescatarlo?”, se preguntaba Antonella una y otra vez.
De pronto, vio un soldado que venía en dirección a ella. A duras penas, logró esconderse detrás de un arbusto. A pocos metros de donde estaba la doncella, el soldado se quitó el uniforme que traía por encima de su traje normal, se quitó los botas, de un bolso sacó un par de zapatos y dejó todo el paquete de soldado cerca de la joven. El soldado no era más que un prisionero que iba desertando de la cárcel. A la joven se le encendió el foco de la mente y dijo: Aquí está la solución. Penetraré a la cárcel como soldado.
Cuando se puso el uniforme, se dio cuenta que tenía la etiqueta de un oficial de alto rango. Se sonrío y dijo: “Entraré con honor a rescatar a mi amor”.
Fue recibida con saludo militar en la puerta principal. Entró al hotel penal y se dirigió a la bodega de abastecimiento donde se proveyó de una casaca y arma. Después consiguió la llave de la celda, mandó a dormir a los somnolientos soldados, abrió la mazmorra y susurró:
“Anthony mi amor, soy Antonella y vengo a rescatarte”.
“Antonella, prenda de mi corazón, estás exponiendo tu vida por mí y no sé si habrá razón”, le respondió su amado sorprendido.
“El amor lo arriesga todo con razón o sin razón y por eso libera. No hay tiempo que perder, vístete de oficial y salgamos”.
De esa forma salieron. Cuando eran las cuatro de la madrugada: estaban en la periferia de la ciudad fuera de peligro. Se besaron, se abrazaron y lloraron. Anthony entre sollozos dijo:
“Este corazón”, señalándose, “ya no es mío, es tuyo; no te lo has robado, te lo has ganado”.
“Mi corazón te pertenece”, respondió Antonella, “abrázame más fuerte y no me sueltes para que nuestros corazones se unan para siempre. Quiero sentir el latido de tu corazón en el mío y el mío en el tuyo para que ese palpitar sea testigo fidedigno de nuestro amor ardiente que ni los obstáculos y la distancia podrán apagar”.
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