–Antonella, amor de mi vida, flor de mi colina, dama de hierro, heroína de mil batallas, vencedora de la soledad, doncella de mente lúcida, ojos de miel, boca de oro, labios púrpura, amor puro y profundo, princesa fiel e inmune a los halagos. Así quiero que permanezcas en mis brazos, porque de tu mirada dulce emana esa chispa de amor, el aroma de tus labios es fragante, tierno y sensible. Tu cuerpo de muñeca hace que mi ser vibre de emoción y te sienta en mi corazón. Eres el aliciente que Dios me ha dado para que mi vida tenga razón de existir. Quiero que estas palabras resuenen en tu mente y le des abrigo en tu corazón. Te amo mi amor, con razón y de corazón.
–Anthony, amor de mi vida. Eres el tesoro escondido que Dios me ha permitido encontrar; por eso veo que resplandeces con el brío de la honestidad. Veo que de tu corazón sale ese manantial de amor puro, que brota como agua y cubre mi cuerpo de la cabeza hasta los pies, y hace, que mi vida tenga la paz espiritual. Porque en tiempo de calor incesante me refrescas, y en tiempo de frío intenso, me calientas. Por eso veo lo que otros no ven. Algunos te ven como un patán asqueroso y peligroso, pero un día no muy lejano verán la luz que hay en ti y se darán cuenta que tienes un valor incalculable, que vales aun más que el diamante de ophir. Si nuestro amor pudiera compararse con amores que tienen un lugar en la historia, te diré que eres como Adán, como José, como Romeo, como el conde de Monte Cristo, como Jack y como London, pero, sobre todo, eres mi Anthony. Y yo seré como Eva, como María, como Julieta, como Mercedes, como Rouse, como Jamie, pero sobre todo soy tu Antonella. Con tu mirada me siento amada, con tus labios siento el remanso y en tus abrazos el encanto.
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